basketaslt:
“Photo www.basketas.lt www.storkli.com
”
nbafinalsarchive:
““Charles Barkley and Michael Jordan 1993 NBA Finals” ”
Porque cuando escriba el libro…

No se por dónde empezar. Tengo un quilombo de cosas que no puedo ordenar, por lo que las voy a vomitar. Sigo sin saber bien para qué escribo esto, si para entender mejor las cosas, para justificarme o hacerme cargo de la realidad.

Tengo un hermano casi seis años menor. De chico, cuando convivíamos en la casa de mis viejos, siempre fue un pibe muy independiente. Siempre se las rebuscaba para lograr lo que quisiera él solo. No porque mis viejos no estaban ahí, sino porque él era así. De la misma forma era orgulloso, cabrón y bastante atrevido. Nunca se quedaba callado, siempre les respondía a mis viejos ante la mínima cagada a pedos. No se comía ninguna. En cierta forma lo admiraba por eso, porque yo nunca pude. También era vago. Empezaba un deporte y lo dejaba porque no le cabía mucho entrenar. Jugaba al basket y dejó porque no era Michael Jordan. Nunca entendía que para ser Michael Jordan hay un proceso en el medio. El proyectaba todo al extremo. Si voy a hacer esto, voy a ser el mejor, pero jamás tuvo el sentido de responsabilidad o voluntad de esforzarse mínimamente para hacerlo. Cuando la realidad lo “golpeaba” y le mostraba que Jordan hay uno solo, abandonaba. Así con todo lo que emprendía. Y se frustraba mucho.

Terminó el colegio y se mudó a BA para estudiar como hacen todos los que tienen la oportunidad. Quiso estudiar ingeniería electrónica o algo así porque quería dedicarse a hacer videojuegos. Decidió no cursar el ingreso, sino rendir libre porque según él no lo necesitaba. Rindió libre. Obvio que le rompieron el orto,una, dos, tres veces. Entró. Cursó menos de un semestre y acusó no gustarle, porque el pensaba que le iban a enseñar a hacer video juegos, que era lo que el quería estudiar, y en vez de eso le enseñaban a programar. Abandonó la carrera. Mis viejos lo aceptaron y siguió viviendo en BA.

Siempre fue muy creativo, de chico le gustaba dibujar, sobre todo copiar cosas  y lo hacía realmente muy bien. También pintaba y le gustaba leer muchísimo. Leía las sagas de libros de fantasía de moda en inglés siendo un nene, porque “no quiero esperar a que salga en español”. Ahí desarrolló un deseo que que le quedó grabado. Escribir un libro. Durante años se dedicó a expresar que su sueño era escribir un libro. Pero no un libro, EL libro. El mejor libro de la historia. Best seller y toda la cosa. Años escuchando lo mismo: “Porque cuando escriba el libro…”. De qué no se, nunca decía, pero insistía con que eso le permitiría no trabajar nunca. Porque es era uno de sus objetivos: no trabajar. Todos quisimos eso alguna vez. Pero según su razonamiento, él no tenía por qué trabajar. No lo necesita porque se sentía mejor que todos los mortales y no podía rebajarse a nuestro nivel a laburar en un callcenter o ser camarero, como cualquier boludo que agarra un primer trabajo. Siempre hablaba del libro, de sus personajes, de sus ideas, etc pero jamás escribía nada concreto.

Empezó a estudiar psicología. No porque le interesara ser psicólogo, sino porque según él le ayudaría a desarrollar a los personajes de su libro. Empezó a ir a talleres de literatura, conoció gente. Se puso medio de novio con una piba con una historia de vida bastante jodida. Y creo que todo empezó cuando probó el LSD. Cuando me contó que lo había probado, yo ya lo había hecho entonces sabía qué decirle. Que no sea un pelotudo, porque estaba todo muy lindo para tomar una vez cada tanto pero que no era joda. Pasó lo peor. Una vez se tomó una pepa y se sintió creativo. A partir de ese momento, comenzó a consumirla de forma regular, no dormía y escribía. Yo me enteraría de esto mucho después. Un día empezó a escuchar que le “llegaban mensajes “ por la tele. Otro día que recibía mensajes místicos por la radio. Lo hacían sentir ‘el elegido’. Le escribía cosas a Dios, sobre las formas de arreglar al mundo, cuando él no podía ni pagarse un café por su cuenta. Obviamente esto le repercutió en su vida cotidiana, y terminó dejando nuevamente la facultad. A todo esto, seguía sin haber laburado y mantenía firme su postura de “yo no necesito trabajar”. Al tener las necesidades básicas cubiertas al parecer le alcanzaba.

La última vez que dejó la facultad, mi vieja, ya un poco cansada de todo, lo cagó a pedos un poco más fuerte de lo normal. El pibe no lo tomó muy bien y desapareció. Estuvimos casi tres días sin saber de él. Apareció en Córdoba en lo de un amigo. En su cabeza, tan llena de fantasías, delirios, pensaba que solo con una mochilita con dos remeras, dos boxers y literalmente sin un peso, podría recorrer el país a dedo. Llegó hasta a inventar que un amigo le iba a prestar una carpa en Mendoza y que ahí bajaría hasta el sur. Él, que no sabe ni como pagar las expensas porque se las paga mi vieja. Mi viejo tuvo que ir a buscarlo de los pelos y traerlo de vuelta a BA. Todos pensarán, bueno, se lo llevaron de vuelta a la casa de mis viejos. Pues no, le consiguieron un departamento nuevo, y lo siguieron manteniendo. A modo de “te doy cualquier cosa que me pidas con tal de que te portes bien y no te escapes más”. Era cantado que no era la solución. Durante un lapso de tiempo, no se bien qué pasó,  si se puso a hacer terapia o qué mierda, pero buscó trabajo, ya que no iba a estudiar y “ni en pedo vuelvo a esa ciudad de mierda que no hay nada”. Consiguió en un call center. Duró menos de un mes que tuvo un nuevo episodio.

Una de sus tantas noches de “proceso creativo”, bajo los efectos del ácido, en su cabeza imaginó que sus amigos se cogían a su novia. Bueno, fue a buscar a dos a sus casas. Día de semana a la madrugada. Le tocó el timbre a uno, bajó a abrirle, pum, lo puso de una sin vueltas. Se fue. Fue a la casa del otro y lo mismo. Timbre, saludo, cagada a palos. 

Finalmente quedó internado por primera vez. No recuerdo cuánto tiempo. Un mes, mes y medio. Mis viejos todo ese tiempo prácticamente viviendo en BA. Mi principal conflicto de todo eso era que nadie decía la verdad. O nadie quería aceptarla. La médica decía que él era un pibe “border”, que la gente muy creativa como él tiene tendencia a pasar para el otro lado. Sobre todo cuando consume algún estimulante. Pero insistía con que había algo más,  que se había “roto” algo en su cabeza y que estaba enfermo. Nunca decían explícitamente que el motivo era el LSD. Mis papás se agarraban de la palabra “enfermedad” a más no poder, porque evidentemente no podían aceptar que tenían un imbécil de hijo que se quiso hacer el pija tomando ácido y le salió mal. Y también por falta de autocrítica. Uf, demasiada falta de eso. Negadores al máximo. Negaban tener responsabilidad. Yo les reclamaba que cómo podía ser posible que después de que se escapó, después de ser peligroso para otros y para él, de quedar internado, no se les ocurrió llevarlo a la casa de nuevo. Para ellos como era mayor de edad no podían obligarlo. Esa era su respuesta. Hoy día sigo sin poder creerlo. Y vuelvo a lo otro, se aferraban con el tema de la enfermedad mental y trataban de explicarla argumentando que todas sus frustraciones y su enorme ego lo terminaron afectando de tal forma que le cagaron la cabeza. Yo ese verso no me lo creí y no me lo voy a creer jamás. 

Yo sabía y sé como queda la gente que abusó del ácido y lo consume de forma regular, porque conocí a alguien que era de una forma y quedó completamente de otra. Les quema el cerebro, y con esto no me quiero hacer el vigilante. Probé todo lo que había para probar pero siempre tuve límites. La cara de la gente que abusó de ácido pierde el espíritu. No se cómo describirlo. Los ves a los ojos y no están ahí. Y ellos te miran pero no hay nada. Están perdidos. Es triste cuando los ves a la cara.

En BA, porque como dije antes mis viejos no se animaron o no quisieran hacerse cargo de llevárselo a la casa, porque además del verso de que era mayor de edad, la otra excusa era que ahí también se podía escapar. Una locura increíble. Hicimos terapia familiar, que jamás resultó porque para él todos eramos unos forros que le queríamos cagar la vida, y que lo estábamos matando por la medicación que tenía que tomar. Sus niveles de ansiedad aumentaron al máximo, por lo que tenía que medicarse por eso. No pudo volver a dormir de forma regular. Duerme de a siestas de una hora, hora y media y se despierta. Medicación también para eso. 

Pasó el tiempo y mis viejos se volvieron. Él quedo viviendo solo de nuevo en BA, haciendo terapia que dejó porque todos los psicólogos y psiquiátras son unos pelotudos y tomando medicación que también abandonó. Pasaron casi dos años en casi total soledad, viviendo solo con sus delirios que iban en aumento, perdió a sus amigos, a mi me generaba rechazo verlo porque no podía mantener una conversación racional. Yo estaba podrido de escuchar sus mentiras eternas sobre los proyectos imposibles de realizar. No podía seguir escuchando “Porque cuando escriba el libro…” 

Empezó una tercer carrera. Literatura. Yo pensé que lo ayudaría a motivarse. Estuvo un año para hacer el ingreso, porque le fue mal la primera vez y terminó dejando porque según él no aprendía nada y lo aburría. Nunca intentó volver a trabajar, no creo que en su estado pudiera hacerlo, pero no tenía ninguna obligación en su vida y lo peor, perdió toda ambición de querer crecer. Le sobraba el tiempo. Yo nunca supe si ese tiempo volvió a consumir ácido. Estoy seguro que sí. Vivía con lo mínimo y necesario que le pasaban mis viejos por mes. Porque para ellos esa era la forma de controlarlo, pasándole poca plata. Otra estupidez más en la lista de malas decisiones. A todo esto mis viejos a 1800 km, en modo “ojos que no ven, corazón que no siente” al palo. 

Una de las últimas veces que lo vi en BA fue en su cumpleaños. Le pregunté qué onda con sus amigos, solo me respondía que ya había pasado ese punto. Ya había aprendido a estar solo y que no los necesitaba. Les empezó a echar la culpa porque vivían “estudiando y trabajando”, como si fuera algo malo. Como si fuera raro. Ahí me di cuenta que nada había cambiado y que todo fue para peor. En su cabeza sigue eso. No puede concebir la idea que vivir y crecer se trata de ir asumiendo responsabilidades y hacerse cargo de uno mismo. Aprender a ser auto suficiente e intentar pasarla lo mejor posible, pero entendiendo siempre que nada viene de arriba gratis, y que a veces hay que esforzarse. A veces hay que frustrarse. Mismo aceptar que por ahí no somos el Michael Jordan que todos quisimos o esperamos ser. Si no es algo que viene de arriba, el no lo busca. No quiere nada para su vida. O eso por lo menos expresa boca para afuera.

El plan era que se fuera a lo de mis viejos para la época del mundial. Yo pensaba que iba a ir a ver el mundial, rascarse la verga y volver a BA, como venía pasando últimamente, porque mis viejos no demostraban muchas ganas de hacerse cargo del problema. Uno o dos días después que ya estaba en CR con mis viejos, recibo un mensaje de mi viejo contando que lo habían tenido que internar de nuevo. No podía dormir hace días, y se le sumaban que había tenido otros episodios violentos con él mismo. Sin entrar en detalles, lo más destacable de todo fue que tuvo dos segundos de lucidez después de años y asumió que se había convertido en alguien que no podía cuidarse por su cuenta. 

Ya le dieron el alta y empezó de nuevo terapia en conjunto con médicación para diferentes cosas. Uno de las consignas es que empiece a ocupar su cabeza con actividades, porque su principal problema es que su cabeza no frena. Por eso no duerme. Si no está agotado no puede dormir. Empezó a entrenar de nuevo basket, va al gimnasio, se está armando un aro para la casa. El problema es que cuando no hace algo que le genere placer, no hace nada y empieza a caminar por la casa cual personaje de Expreso de media noche. Me perturba mucho. Pero al mismo tiempo me pregunto: ¿nunca va a tener que asumir ninguna responsabilidad? Como puede ser que si no hace algo copado que disfrute no hace nada. No agarra una escoba, no junta la mierda de los perros, no hace nada más que cosas que a él le gustan. Si mis viejos no le dicen que haga algo, no lo hace y no lo va a hacer nunca. No le nace hacer nada “útil” o que a el no le resulte divertido o para su beneficio. Está siempre con los auriculares puestos. En su mundo. Hay que hablarle tres veces porque no te escucha. 

Ahora yo estoy acá. Mis viejos tienen que viajar ir a BA, uno a la vez para desarmar el departamento donde vivía y mandar todas las cosas para acá. Estoy acá porque él no puede estar solo, y mis viejos tienen que ir a laburar. Entonces lo veo caminar, dar vueltas, fumar, rascarse la verga constantemente y quejarse de que le agarra ansiedad porque está aburrido. 

¿Cuál es el sentido de relatar todo esto? Desde que todo esto empezó ya hace años, este tema ocupa demasiado espacio en mi cerebro. Espero que se solucione como si fuera un problema de matemáticas y no puedo aceptar que no se trata de eso. Quiero que se cure mágicamente así puedo volver a mi vida normal. Y es un problema enorme. Lo veo como si me hiciera esto a mi. Lo sufro como propio y soy consciente y admito que nunca en todo este tiempo me involucré al máximo para intentar mejorar las cosas. 

Vivo en constante conflicto conmigo mismo. Pienso que él se buscó todo y me aferro al máximo de eso para sentir menos culpa de lo que no hago o porque no puedo aceptar que se enfermó de verdad. Que no importa la causa, que la realidad hoy es esta y ya está. Que no gano nada con culparlo, aunque no puedo evitarlo. En sus aires de grandeza pensó que sería la persona más exitosa de la historia sin tener que esforzarse, pero peor aún subestimó los efectos de consumir en exceso algo que lo arruinaron y dieron comienzo a todo lo que sigue sufriendo hoy. Y no lo admite. Y eso no lo soporto. No me banco que no se haga cargo de la cagada que se mandó, como nunca hizo en su vida y que todo se reduzca a que “pobrecito está deprimido y frustrado con la vida”.

No puedo dejar de pensar en cómo me habían tratado a mí en situaciones similares. Similares en cuanto a “mandarme cagadas”, no a las situaciones en sí. Para mis viejos yo siempre era un vago, desagradecido, desconsiderado, irresponsable. Nunca me merecía nada. Nunca valoraba las cosas que tenía, ni la suerte de tener padres tan presentes en mi vida. Me lo hicieron sentir desde que tengo memoria hasta que no pudieron más porque ya no me mantenían. El día que decidí dejar la facultad, porque no quise hacer la tesis, después de ya haber sacado los 40 finales, mis viejos me trataron como la peor mierda del universo, preguntándome cómo podía ser tan atrevido de dejar la facultad después de todo el esfuerzo que ellos habían hecho durante esos años. Y me dieron un ultimátum de que conseguía trabajo inmediato o me llevaban a patadas en el orto para el sur. A él jamás le plantearon nada parecido. 

Me repito y pregunto a mi mismo como un miserable “no me lo merecía, por qué a mi me hacían sentir así y a él no le dijeron jamás nada”. Todo este tiempo sentí como si a él lo premiaban para que no se mande mas cagadas. 

De pibe me encontraron una tuca. Sí, una tuca, que casi ni tenía nada. No se por qué la había guardado. De pendejo manija. Me mandaron a un especialista en adicciones. Así al toque, de un día al otro. Este pibe se quemó el cerebro con LSD porque flasheó escritor, pero el problema es que no soporta las frustraciones de la vida. Yo era un vago drogadicto. No puedo salir de ahí. Me quedé trabado. No importa lo que me digan, no puedo salir de ese resentimiento que me hace muy mal. Vivo comparando como me hacían sentir a mí, como me trataban en comparación a él y me bloqueo y pierdo de foco todo. De nuevo vuelvo a pensar que es un vago que vive de vacaciones rascándose la poronga y que no se merece que nadie lo ayude más. Busco todo el tiempo motivos para afirmar más esa sensación, sobre todo cuando lo escucho decir cosas como “quiero esto”, “quiero lo otro” y mis viejos solo acatan y le siguen dando. ¿Hasta cuándo va a ser así? ¿Hasta cuando voy a ser tan pelotudo, egoista, resentido y miserable de pensar solo en mí en todo este proceso? Quiero que le exijan lo mismo que a mí. Que lo hagan sentir como a me hicieron a mí, y es de una bajeza tremenda. De mala persona, mal hermano. Todo eso lo sé y siento culpa sin parar de por qué no puedo  evolucionar e intentar ayudarlo a salir de este infierno por el cual debe estar pasando, viviendo entre medicaciones, médicos y sin libertad alguna. He llegado hasta a pensar en qué pasaría si mis viejos se mueren mañana. Si tendría que hacerme cargo yo de él, como pasa ahora, que es un nene que no se puede mantener solo. Y me agarra una ansiedad que no la freno con nada porque no quiero hacerme cargo de mi hermano. No quiero. Me sale decir “no quiero que me rompan mas las pelotas con el tema este”. 

Siento y quiero que venga a pedirme perdón, por tener que poner mi vida en pausa para venir a ayudarlo, como si me lo hiciera adrede. Quiero que me venga a agradecerme por haber venido acá cuando lo único que hago es resentirlo en silencio y no lo ayudo en nada. Solo lo llevo y lo traigo de acá para allá. Pero no le hablo, no le pregunto qué piensa o qué siente. Tal vez porque me cansé de escuchar durante muchos años cosas sin sentidos, mentiras, proyectos que jamás iba a cumplir. Perdí confianza en sus palabras. Durante mucho tiempo él solo fueron palabras y jamás una acción que demostrara algo. Le exijo de la misma forma como a mi me exigían mis papás. Le hago lo que siempre dije que nunca le haría a nadie. Nunca nada que haga es suficiente para mí. Lo trato de cagón por no hacerse cargo de sus cagadas o de pedir perdón, y yo soy el mismo cagón que se esconde en este texto eterno.

Y después llego a momentos como este, que lo veo desde el pasillo a diez metros. Yo sentado escribiendo, él en la cocina, fumando un cigarrillo, mirando al vació y pensando en quién sabrá qué. Quiero ir a darle un abrazo, decirle que todo va a estar bien y que nunca va a estar solo. Quiero decirle que me gustaría que vuelva a ser ese nene al que yo admiraba porque iba de frente contra todo y se la rebuscaba para conseguir todo lo que quisiera. Quiero decirle que lo quiero y que me perdone.

No sé si podré hacerlo dentro de poco, porque todavía no puedo resolver lo otro y aceptarlo tal como es hoy, sin compararme, sin ser un resentido. Tal vez ese sea mi “libro”. 

Porque cuando escriba el libro voy a poder ayudarlo. 


SID